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Reflexiones

Nos han engañado otra vez: el problema de las farsas tecnológicas

Este artículo fue escrito en italiano y traducido al español. Leer el original

El 10 de octubre de 2024 nos gastaron otra broma. Durante uno de esos eventos que te hacen abrir los ojos como platos, aparecieron vídeos que mostraban robots que caminaban entre la gente, hablaban, interactuaban como si fueran personas reales. El efecto era increíble, parecía que el futuro ya estaba aquí. Pero había un pequeño detalle que se les olvidó contarnos: ¡¡¡era todo falso!!!

Detrás de esta escena de ciencia ficción había personas reales que controlaban a distancia los robots, aunque fuera parcialmente. Y la mente astuta detrás de este plan diabólico es, como siempre, él, Elon Musk, que ya tiene cierta fama por este tipo de bromas y que esta vez se ha superado.

Que sea Elon quien saque estas bromas ya no sorprende a nadie, pero ¿es un problema? Pues, en mi opinión, sí, porque esta vez el truco se ha jugado con una tecnología que casi existe, y eso es precisamente lo que reconcome. Si hubieran escenificado algo claramente imposible, nos habríamos reído todos un buen rato. Pero no, nos han engañado con algo que sabemos que está a la vuelta de la esquina, y es justo ahí donde, personalmente, me molesta bastante.

¿Por qué ya no conseguimos escandalizarnos?

La reacción del público y de los mercados ante esta farsa, en mi opinión, fue excesivamente "blanda". Solo al día siguiente, el 11 de octubre, las acciones de Tesla cayeron un 10%, un impacto en conjunto modesto en comparación con la magnitud del evento. Pero el dato más interesante no es tanto la reacción de los mercados como la del público general: ya no nos escandalizamos.

Vivimos en una época en la que la línea entre realidad y fantasía se está difuminando, y fenómenos como los deepfakes, las IA conversacionales y los robots cada vez más avanzados hacen difícil distinguir lo que es verdad de lo que es solo una ilusión. Cada vez que vemos un anuncio sensacionalista estamos dispuestos a creérnoslo pero, al mismo tiempo, igualmente dispuestos a descubrir que hay un truco detrás. Este ciclo continuo de asombro y desilusión nos ha vuelto, en mi opinión, menos propensos a reaccionar. En lugar de indignarnos, aceptamos pasivamente la situación, porque se ha convertido en la norma, y eso no me gusta nada.

¿Qué ocurre cuando el público empieza a desconfiar de las innovaciones tecnológicas reales? Si cada nueva tecnología viene acompañada de la duda de que sea solo un truco, corremos el riesgo de crear una sociedad cada vez más escéptica y desencantada con el progreso. El público podría dejar de creer lo que ve, incluso cuando nos encontramos ante verdaderas revoluciones tecnológicas... Elon Musk es sin duda un maestro de la comunicación, pero hay una línea muy fina entre empujar los límites de la tecnología y manipular la percepción pública. El objetivo debería ser informar e inspirar confianza, no generar confusión o decepción.

El desafío del futuro

La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso y con ella crecen también las expectativas y las esperanzas, pero la forma en que se nos presenta este futuro desempeña un papel fundamental en nuestra capacidad de acogerlo. Episodios como el de We-Robot muestran lo fácil que es perder de vista la realidad, sobre todo cuando estamos tan cerca de alcanzarla. Mientras tanto, el 10 de octubre quedará como una fecha simbólica: un recordatorio de que el progreso no se mide solo en términos de tecnología, sino también de transparencia y honestidad. Todos estamos entusiasmados por ver lo que nos depara el futuro, pero preferiríamos que ese futuro fuera auténtico y no solo una burda tomadura de pelo...

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