← Volver al blog

Relatos

Un chapuzón en el pasado de videojugador...

Este artículo fue escrito en italiano y traducido al español. Leer el original

Si hay algo que echo de menos son los juegos de cuando era más pequeño. Me refiero a los videojuegos, los "coin-up", esos en los que metías la monedita, a los que jugué desde los 13 hasta los 25 años más o menos (es decir, del 84 al 99). Lo que será difícil de transmitir a las "nuevas generaciones" es la sensación que se tenía al jugar a esos jueguecitos malvados, así que intentaré hacer un panorama general...

El punto, que se puede aplicar a muchísimos otros campos, es que no era el juego en sí lo que marcaba la diferencia, sino el contexto en el que todo encajaba.

La euforia de estar saltándote el colegio mientras tus amigos estaban en clase siendo examinados, la posibilidad de no ver a aquella antipática de la profesora que te tenía que examinar desde hacía meses... la idea de estar aislado (sí, sin móvil, porque no existían) y de salir de un mundo en blanco y negro para ser catapultado a un mundo de colores... coloridísimos... donde poder vivir aventuras irreales, matar zombis, hinchar monstruos y salvar el planeta de los alienígenas a bordo de una nave espacial, todo ello acompañado de sonidos extraños e irreales. Sonidos que solo podías oír allí, porque la única forma de llegar a ese mundo virtual era ir, físicamente, por ejemplo a los "salones recreativos": lugares más o menos grandes donde se apiñaban varios videojuegos todos juntos. En Roma, por ejemplo, en el Luneur (el "parque de atracciones") había un salón recreativo que se llamaba "Las Vegas" - era un sitio enorme, en 3 plantas de al menos 200 m² cada una (en la foto, la versión previa a la reforma). Cuando iba yo habría quizá 200 o 300 videojuegos, cada uno con su cabina distinta de las demás, todos uno al lado del otro, pegados y todos junto a las paredes y luego repartidos por el medio.

Llegar a estos sitios en moto, lejos de casa y del colegio, sin que nadie supiera dónde estaba yo... y medirme con otros chicos de mi edad (o mayores), también era una satisfacción... y cada salón recreativo tenía su "público objetivo" muy específico según la zona y los juegos, y estaban realmente muy, muy concurridos. Dentro, los videojuegos más solicitados tenían tanta gente alrededor que era imposible incluso entender qué juego era - sin contar los larguísimos tiempos para poder jugar... También porque no había numeritos para hacer cola... el puesto de combate se conquistaba a codazos, a menudo discutiendo, y otras veces gracias a la complicidad de amigos que confirmaban que era tu turno. Algunos juegos (ver "Dragon's Lair" y "Space Ace") tenían incluso un segundo monitor en paralelo, encima de la cabina, para que todos pudieran ver bien incluso a distancia. Y al terminar el juego, si se había alcanzado una puntuación digna de clasificación, se podían introducir las propias iniciales (rigurosamente solo 3 caracteres, al principio) para que todos supieran que habías pasado por allí. Las mías eran "DAD" (hay una historia detrás, pero no era por el significado en inglés) y para todos era un poco como marcar el territorio, pero de forma anónima. Una especie de "graffiti", digamos. Que duraban solo 24 horas, porque al día siguiente los récords se ponían a cero y se volvía a empezar...

Otra característica que los hacía únicos era que en algunos de ellos la habilidad consistía en conocer "la combinación correcta" o en "saber el movimiento" - y como no había internet, había que descubrirla uno mismo (a base de fichas) o que te la dijera alguien, para luego transmitirla a otros. Así uno se volvía "sabio", "experto" en un juego, y repartía sabios consejos de ese conocimiento a perfectos desconocidos, a los que quizá nunca volveríamos a ver. Esto nos obligaba a "socializar" necesariamente con la gente, y a veces a crear microamistades.

La necesidad de tener que meter la moneda de 50 liras (luego la de 100, 200 y 500), que tenía de por sí un encanto propio, con ese sonido característico que se oía al llegar a las otras monedas... y que marcaba un límite, inexorable, que nos hacía entender que más de lo que había --de todos modos-- no podríamos jugar. La monedita representaba el compás del tiempo irreal, virtual, bajo mi control pero aun así definido, porque cuando se acababan aquellas 4.000/5.000 liras (el dinero de papá para las meriendas, a propósito saltadas durante varios días), no podía hacer otra cosa que volver a casa. Así que tenía que aprender a gestionarlas bien, eligiendo los juegos que duraban más pero que fueran también de buena calidad, obviamente.

Y cada juego era un mundo aparte... y había tanta fantasía en esos juegos que de verdad parecía que entrabas en una dimensión paralela cada vez que te asomabas a ver un juego nuevo. Cambiaba la forma de controlar a los personajes, la perspectiva, el objetivo del juego, el estilo, la música, todo... Y sí, también había juegos "cruentos" en aquella época, esos en los que ibas por ahí pegando a todos los que se te ponían delante, con bates de béisbol, escopetas y demás. Y poder hacerlo sin dañar a personas ni cosas era otra gran satisfacción para mí, era una válvula de escape "sana" que no tenía ninguna consecuencia, y sobre todo en aquellos años en que quería ir contra todo y contra todos, era un verdadero bálsamo. Luego, sin embargo, al salir de ese mundo y volver al real, ayudaba a los ancianos a abrir las puertas y a la primera ocasión siempre intentaba ayudar a todo el mundo. Me da risa cada vez que la prensa señala con el dedo a los juegos "violentos" como causa de la locura de muchos personajes de la crónica negra. Yo pienso que para una mente sana no hay peligro de confundir los dos mundos, mientras que para una mente enferma no hace falta un videojuego para activar el resorte de la locura (que luego algunos los imiten en las masacres que cometen, creo que es solo cuestión de forma y no de fondo).

Merecerían luego un post aparte los juegos de los periodos anteriores, como los "scacciapensieri" (jueguecitos de bolsillo) a los que jugaba cuando tenía 10 años, el periodo de los "juegos de ordenador" que se compraban en el quiosco, y el periodo posterior al de los "coin-up", es decir, los que llegaron gracias a las conexiones ethernet primero (empezando con F29 Retaliator, para seguir luego con Duke Nukem, Warcraft, Starcraft, etc...), y luego los que llegaron junto con internet, como World Of Warcraft y similares...

Volviendo a lo nuestro, en esos pocos minutos de juego, ahora lo entiendo, convergían una serie infinita de factores que, en conjunto, hacían de esa experiencia una experiencia única. No era solo el juego en sí. Era todo el conjunto el verdadero juego.

¿Cómo ha cambiado el mundo de los videojuegos desde entonces ?

Pues bien, hoy abro Internet y tengo a mi disposición todo el saber humano en materia de juegos, y puedo comprarme cualquier juego que quiera: están todos aquí, delante de mí, al alcance de la mano. Nueve de cada diez juegos son la evolución de "Wolfenstein 3D", de "Double Dragon", de "Tomb Raider" y de "Street Fighter". No hay, de verdad, ya ninguna diferencia a mis ojos. Hoy los matices que marcan la diferencia están representados por otros detalles, mucho más microscópicos. Puedo jugar las veces que quiera, sentado al ordenador, en mi casa, y con el móvil encendido al lado. Tienen unos gráficos más bonitos, vale, pero ¿era realmente esa la parte más importante ? Y, ojo, odio hacer discursos generalistas: seguro que todavía hoy hay títulos muy originales y "jugables" (uno entre todos que me gustó y al que jugué hace poco, increíblemente, es Awesomenauts), pero entonces... ¿qué echo de menos ?

Sencillo... echo de menos todo el conjunto... ¡echo de menos todo lo demás! He cambiado yo, ha cambiado el contexto y también han cambiado los juegos. Ya no juego para escapar de los exámenes orales, no tengo que coger la moto, no tengo a nadie a quien esconderle dónde estoy, ya no tengo un tiempo limitado para jugar, y ese tiempo no está ligado a cuántos días de ayuno de meriendas tuve que hacer. Y además el mercado mientras tanto ha evolucionado, han evolucionado los fabricantes y, en consecuencia, los juegos.

Admito que recuerdo aquellos tiempos con un poco de melancolía, pero también estoy seguro de que lo que hizo hermosos y únicos aquellos momentos en mi mente hoy, mucho más de lo que lo eran entonces, es precisamente el hecho de que... hoy ya no existen.

Luis.

Comentarios

  1. Gerardo

    Bellissimo!! Un tuffo nel passato

    1. Alhoon

      Gran "brutto" post... uno di quelli che ti fa sentire vecchio! Luoghi che ci hanno accompagnato nella nostra gioventù, un vero microcosmo in cui le regole erano completamente diverse da quelle del resto del mondo. Col senno di poi mi chiedo se qualcuno ne abbia mai tratto spunto per una tesi di sociologia.. Per me è stato il luogo dell'ingresso in società come individuo vero e proprio: se andavi da qualche parte con i tuoi genitori eri il "figlio di", a scuola eri un bambino come tanti altri, in nessun luogo del mondo eri visto come "persona" a sé stante ma lì in "sala giochi" il mondo si stravolgeva. Lì l'unica vera reputazione era quello che sapevi fare. Ho ancora vivo il ricordo delle prime volte... la domenica mattina dopo la messa, mentre i miei genitori erano lì in piazza con gli amici, io entravo in quel paese dei balocchi con occhi curiosi. Le prime volte non ho giocato, passeggiavo in quel labirinto di "macchinette" (come le chiamavamo qui) cercando di capire che giochi fossero, alcuni abbandonati a sé stessi, altri con un nugolo di persone vicino. Con gli occhi rubavo i segreti dei vari giochi ma soprattutto imparavo le regole di quel mondo: quando è il tuo turno, come non farsi "sorpassare" dai "grandi" e quando era meglio cambiare aria (non era sempre tutto rose e fiori). Acquisita fiducia ho iniziato a chiedere prima la "duecento lire" e poi la "mille lire" per giocare.. la scelta dei giochi era selezionatissima, dovevano essere necessariamente giochi in cui quella moneta gialla poteva fruttare più di qualche istante di divertimento: che delusione quando ti facevi fregare da un gioco "per provarlo" e poi scoprivi che in un paio di minuti avevi giù perso. Due giochi su tutti resteranno scolpiti nella roccia dei miei ricordi: Double Dragon e Bubble Bobble. Entrambi giochi dove se ci sapevi fare avresti giocato a lungo, entrambi giochi dove si poteva giocare in due... la posizione del player 1 andava guadagnata per merito e alla lunga che soddisfazione vedere che, una volta raggiunta, te giocavi sino alla fine del gioco mentre al tuo fianco i compagni (anche parecchio più grandi) si succedevano uno dopo l'altro. Si, un bambino in quel piccolo mondo poteva sentirsi realizzato. Ma a parte questa "sciocchezza ludica" la sala giochi per me è stata una vera scuola di autostima e dimostrazione che bisognava sempre superarsi se si voleva esser "qualcuno". Ogni volta che andavo in vacanza in una nuova città la sala giochi era il primo luogo che cercavo, già dalla prima sera potevo dire "mamma domani esco con gli amici" e lei che mi guardava con due occhi di fuori chiedendosi come diavolo fosse possibile che mi ero già fatto delle amicizie. Ho poi avuto anche la fortuna di viver le sale giochi nel periodo dell'adolescenza in contemporanea con l'esplosione di Puzzle Bobble: l'unico gioco capace di attrarre le ragazze in sala giochi. Inutile dire che con tanta paraculaggine mi sono "specializzato" in quel gioco per mettermi in mostra e/o esser d'aiuto alle povere fanciulle inesperte... eh si, sono sempre stato un vero cavaliere.. Alla fine le console casalinghe (che sempre siano maledette) sono state la condanna a morte per questi luoghi, ma pur se chiusi ormai da anni, ogni tanto la loro magia torna ad affacciarsi e quest'estate però il ragazzino che è in me è rivenuto fuori.. Ero ad un parco giochi con il piccolo, un gruppo di ragazzini stava giocando a biliardino (non ne hai parlato ma per me la sala giochi oltre agli arcade ha sempre significato anche flipper e biliardino)... con un po' di sfacciataggine mi sono messo in mezzo.. ho chiesto un "attaccante" e ho pagato la prossima partita. Da che mi avevano visto come il babbeo di turno che li stava facendo giocare gratis a che, dopo averli sonati per benino per diverse partite, me ne sono andato con il loro rispetto e con la gioia negli occhi per aver condiviso un'ora di sano divertimento con dei perfetti sconosciuti di età completamente diversa dalla mia (e anche un bel mal di schiena). Ti saluto con la mia firma dell'epoca... AFC (ovvero Acacio "Fuego" do Colibar)

      1. tob

        Coin-Op(erated).

          Si te apetece hablar de ello, escríbeme.

          info@bitnrg.com

          ← Todos los artículos